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Quizás te has preguntado que busco;

Sólo… 

Una ilusión que dé luz a mi soledad, ternura que acompañe mis sueños,

Fantasía que despierte lo que el alma guarda.  Sentir la calidez de una sonrisa,

Que el alma se estremezca al sentir su cercanía, Soñar,  dejar vagar a la imaginación,

Decir  un te quiero, Te amo nacido  del alma, Reír y quizás llorar,

Pero no sentir soledad, Ni la compañía insulsa de quien solo quiere que el tiempo pase. 

Pedir que el tiempo se detenga cuando este a su lado, sentir ese escalofrió  que recorre el cuerpo,

 perderse en el embeleso de su aroma, cerrar los ojos y dejar ver al alma. 

Sentir que  puedo sentir y hacer sentir… 

 Perderme en sus brazos, enjugar una lagrima susurrar una plegaria tomados de la mano,

La calidez de una caricia, la entrega plena, sin temores, sin tiempo, sin condiciones. 

 Dar tiempo al tiempo, Y sentir el valor del  tiempo  Sólo busco lo que mi alma puede dar,

 compartir y quizás juntos formar.

José Bribiesca Vázquez

 

No hay sonrisa que de una ilusión no brote,

 

Ni mano amiga que no se extienda ante la verdad de un decir, Más palabra no existe que defina un sentir Si en el corazón no hay esperanza.  

En la mente imágenes se forman, Que dibujan la sonrisa de quien en su pensamiento se hace presente, Y ante su ausencia se atesora el recuerdo, En palabras que nacen del alma,

Que como cálida presencia acompañan los momentos de soledad.  

 Mas no quisiera que mis palabras, Insulsas lisonjas pereciesen, O dibujaren banal arrogancia de quien en ellas su sentir plasma, Pues sólo son dulces quimeras del insulso soñador,

Que sólo es escudero de sueños y esperanzas, Y que en su decir canta la melancolía De la pálida alborada que acompañan sus recuerdos.   Más quisiera que me decir pudiera entretejer ilusiones y

 esperanzas, Para con ellas cobijar pudiera las frías noches de soledad, Y crear lazos entre nostálgicos sentires plasmados en inertes hojas de papel, Con el deseo de poder decirlos sin el

 temor a no ser escuchado, Lo cual sólo sería el dejar libres los sueños ante la llegada del crepúsculo

  José Bribiesca Vázquez

 

 Quién eres, que sin conocer tu mirada estremeces el alma,

 Desnudas el sentir y perturbas la mente, Quién eres, que provocas que los sueños e ilusiones resurjan de la nada. Que sin romper el silencio se habla de mi mundo y mis anhelos. Quién eres,

 que me das la calma, atenuando la soledad del alma, y haces que con el nuevo amanecer resurge la esperanza. Quién eres, que invitas al alma a soñar y a la mente a decir lo que el corazón guarda.

 Quién eres tú, solo dime quien eres. Que tú esencia mi ser embriaga. Una dulce sonrisa, Sonrojar de mejillas, Tiritar que del alma brota, Palabras que se escapan, Al no saber que decir A un ángel

 convertido en mujer. Plegaria elevada En suplica sentida Deseando se conceda la cercanía Del ángel de hermosa sonrisa, Y en el decir la verdad Para con ella no mancillar La dulce esencia, Que

 con timidez y cándida sonrisa Lleno de luz la palidez de un ocaso, Y cual cálida brisa su amistad Un tono diferente el crepúsculo Del insulso soñador dio. Ante el candor y belleza Del ángel hermoso,

 No existe prosaica pasión O sentimiento que manchar Pretenda su cándida esencia. Sólo decir con verdad Palabra limpia, Libre de malicia en el sentir, En el sólo deseo de conservar su cercanía,

Y de un pequeño lugar en su corazón. Si el decir del alma pudiera con palabras plasmar, O los sueños en dulces realidades transformar Podría entonces su sonrisa describir, O decir lo bello de

 su mirar.   Más a decir verdad creo, Que no hay ilusión tardía que de esperanza no se cubra, Ni  fuerza más grande Que la del sentir del corazón, Cuando una esperanza guarda Que en ilusión

 compartida, Se sueña se vuelva.   Pues no hay caricia que sucia del alma brote, Ni beso que el alma no lleve cuando del corazón surge, Cual fragancia que acompaña el alba, O tímido suspiro que

 ante su recuerdo brota, Cual sentida plegaria Que gracias da a Dios Padre Sí solo pudiere con palabras decir lo que mi alma clama, Quizás  y solo quizás en su mirar pudiera ver la luz del alba. 

 José Bribiesca Vázquez

 

Cual pétalos de exquisita flor tímidas caricias cubren la virginal desnudes, que ante la dulce pasión que surge de una ilusión se descubre, y que con la suavidad del

 roció le recorre, como al despuntar el alba el roció a los pétalos acaricia, Así desearía niña hermosa cubrirte de besos y caricias, y entre susurros que del alma nacen, entregarte lo que el corazón

 guarda, y sin falsos pudores la entrega plena, sin tiempo, ni condiciones. Es dulce sentir lo tenue de su respirar entrecortado, conforme su vestir va cayendo a sus pies, ante el temor de que sea

 descubierto el deseo de su ser, o quizás al no saber cómo compartir lo que su ser clama, de la entrega esperada que sin malicia le lleva al dulce soñar haciendo al alma vibrar. Más cuando los

 cuerpos desnudos se rozan, y un tímido beso rompe la distancia, las caricias surge buscando cobijar con ternura la cándida desnudes, en la dulce pasión que concibe, y permite entregar el

 alma, al susurro del decir de lo que el corazón guarda No podría con simples palabras describir lo que verme en sus ojos me hace sentir. No es profana entrega, cuando se entrega el alma, ni el buscar el refugio de su vientre, o el vibrar con el latir de su ser, al vivir lo aterciopelado de su piel, solo es el embeleso ante la belleza de quien se ama, y que a luz del alba a mi lado aún se encuentra.

José Bribiesca Vázquez para: LETY GARFIAS.